miércoles, 11 de mayo de 2016

La Meta (Episodio 2)

- ¿La flor de liz? - Connor observaba incrédulo a su padre - papá ese hotel queda en medio de la nada - Connor solía ser un poco exagerado, pero vivía en la ciudad más grande del mundo, con tecnología de punta y una economía dura y fria pero ciertamente llena de oportunidades cuando eres miembro de una familia acaudalada como la familia "Berkley", y el hotel al que lo iban a mandar, no estaba exactamente en una ciudad parecida, era una pequeña ciudad pintoresca y pacífica, tenía mucha visita turística, pero para Connor sólo era un lugar que no podría disfrutar, era aburrido, solitario ¿qué podría encontrar en ese lugar que lo entretuviera un poco?  Bueno, ya se lo pueden imaginar, el chico no quiere ir, su padre lo obliga, si quieren realmente saber por qué, tendrán que esperar... un poco más... está bien, está bien, se los digo, Connor sobregiró una tarjeta de crédito para hacer una fiesta en su "penthouse" (es un piso entero de un edificio), y bueno, ya se imaginaran cuando llego el estado de cuenta a manos de su padre, entonces decidió que tendría que pagarlo, pero como es el mayor de sus hijos decidió dejarlo a cargo del hotel, no es temporada alta y podrá acostumbrarse al ambiente laboral, si... claro... como si eso pudiera pasar, todos saben que los niños ricos son ¡incorregibles!, y por dios, lo mandaron a dirigir un hotel, ¡¿como castigo?!, me va a dar una crisis nerviosa, como es posible que yo trabaje todos los días partiendome la espalda y este niño hijo de papi es es gerente de la noche a la mañana, de un hotel hermoso lleno de un personal que tiene tiempo conociéndose, son como una familia, y este niño berrinchudo, ¡va a llegar a arruinarlo todo!
Bueno, ahora que me he desahogado un poco (lo siento...), les contaré lo interesante, Connor es hijo de una familia adinerada como les comenté, tiene dos hermanastros más chicos, considerablemente más chicos, el teniendo 25 años, estudiado en "administración", no puede competir en inteligencia con hermanos Lexus, de 14 años, y Sonia, de 12, son unos genios malévolos que hacen la vida imposible de cualquier mayordomo y niñera que han tenido, pero a ellos llegaremos después, el día que Connor iba a salir a su nuevo "trabajo", sus hermanos no paraban de burlarse de él, Connor siempre intento verse maduro e ignorarlos, pero en esa ocasión se sentía realmente humillado, tomó sus maletas y se fue sin dejar de refunfuñar todo el camino.
- "Tienes que demostrar que vales algo, no puedes gastar sin medida"- Connor arremedaba a su padre mientras viajaba... pff, que infantil... pero al llegar su mente se disipo un poco, la vista lejana era hermosa, siempre impresionaba, y Connor no era la excepcción, había una tonalidad muy variada de colores, a diferencia del frío color del acero en la ciudad, tenía lo necesario, una pequeña playa, un clima muy tranquilo y disfrutable, y la gente era maravillosa, pero eso no le importaba a Connor, la vista de la ciudad lo impresionó, realmente se dio cuenta que jamás había observado la ciudad en las pocas veces que había viajado con sus padres.
Al llegar el gerente actual del hotel lo recibió, era un hombre mayor, Gustavo, su cabello plateado pero corto, no había indicios de calvicie a pesar de la edad, y una amable sonrisa que se dibujaba en sus labios - bienvenido Connor - extiende sus brazos para abrazar al joven que le regresa el abrazo un poco incómodo pero a la vez agradecido, Gustavo había sido un amigo de su familia desde hacia mucho tiempo, de hecho era un empleado cercano de su padre, nunca entendió porque lo habia mandado ha esa ciudad tan alejada de los lujos de los hoteles de cinco estrellas de la mayoría de los demás hoteles de su familia - Hola Gustavo - respondió con un respeto que no mostraba por casi nadie fuera de su padre, nunca lo visitaban en ese hotel pero Gustavo constantemente viajaba a la ciudad a visitar a su padre, Connor siempre supuso que por motivos de trabajo, aunque en ese momento lo empezaba a dudar, la sonrisa serena del viejo lo hizo considerar la opción de que estuviera en esa ciudad por culpa de Gustavo - ven te llevaré al hotel, se que es tu primer día pero tendrás que presentarte con el personal, siempre es importante conocer a los nuevos miembros de la familia - Gustavo lo guió hasta el auto casi sin dejarlo hablar, Connor sólo lo veía con media sonrisa y un aura de derrota y depresión que invadía su alrededor, un poco más y podías ver la nube de lluvia sobre él, era realmente lamentable.
- Gustavo -
- ¿Si? -
- ¿Tu le sugeriste a mi padre que me mandara aquí? -
- Así es... - Connor miró sorprendido al viejo, era un cinismo increible el aceptar su complicidad en el castigo, pero por la expresión en su rostro parecía que Gustavo sentía más satisfacción que morbo en ese momento, como si en realidad Gustavo estuviera esperando en Connor a un héroe más que a un "aprendiz".
- ¿Es que me quieren dar un verdadero escarmiento? - Connor replicó con un tono cercano a la frustración - para nada - Gustavo sólo miraba e camino, la ciudad era demasiado tranquila, Connor empezaba a sentir que tardaban una eternidad, sentía que llegaría mucho más rápido a pie - tu padre me contó el asunto de la tarjeta, y, su idea era enviarte a uno de sus hoteles más grandes como botones - Gustavo rió un poco al imaginarse esa idea, Connor sintió un poco de confusión, estar en un hotel grande era lo que el hubiera preferido - yo lo convencí de enviarte aquí mejor - Connor sonrió levemente, Gustavo era alguien pacífico y benevolente - mi padre dijo que sería cogerente contigo, supongo que te debo un favor, con el sueldo de botones nunca acabaría de pagar mi deuda - Gustavo aguantó una risa casi traviesa y miró de reojo al chico - el hotel al que te iba a enviar era el Moon Night - Connor aún confundido por la risa del viejo reconoció el hotel que dijo de inmediato, era el más famoso y caro de la cadena de su familia - y ¿qué es tan gracioso al respecto? - 
- Bueno - Gustavo en realidad sentía una pena y ternura por Connor increible - sabes que ese Hotel es concurrido por los clientes más adinerados del lugar, un botones puede ganar hasta tres veces mi sueldo de una semana en un sólo día debido a las propinas - Connor abre aplios sus ojos sorprendido, había una diferencia descomunal entre esos dos lugares - aquí ganamos bien, los empleados ganan suficiente para vivir dignamente y nosotros como gerentes, tenemos un buen poder adquisitivo para vivir con los lujos que la ciudad puede ofrecer, aunque no son tantos - Gustavo reía como si contara un chiste tremendamente gracioso - ¿cuánto tardaré en juntar lo que necesito? - Connor se toma la cabeza con sus manos frustrado, ¿por qué, por qué lo habian mandado ahí? Yo tambié me pregunto lo mismo, Gustavo parece tener la respuesta pero aunque lo obligara, no me la daría... lo único que hace es sonreir y mirar a Connor mientras se estaciona frente al hotel - si ahorras tu sueldo entero, tal vez unos cinco años - ¡¿Cinco años?! eso es mucho tiempo, ¡¿el hotel tendrá que soportar a este mimado tanto tiempo?! Vaya, eso ni yo me lo esperaba... en fín, el chico toma sus maletas, siente unas ganas inmensas de salir corriendo, pero a dónde iría, no tiene un lugar al cual correr, esta perdido y se siente desauciado, observa atento el que será su hogar los próximos cinco años al parecer, y decide a entrar, dejando a Gustavo atrás ya que se entretuvo con un botones.
- Buen día, bienvenido al Flor de Liz, ¿cómo podemos asistirte hoy?... -

miércoles, 27 de abril de 2016

Desvío (Piloto)

Podría escribirles una frase rebuscada y fría, utilizada ya en obras literarias tan grandes para la historia como “era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”. Pero lo cierto es que no estoy aquí para contarles mi historia, esta, esta la historia de alguien que a pesar de arrojarse mil veces al vacío, se encontró en la cima de su vida, con un corazón roto y un hoyo negro que absorbía cada segundo de su día…
Todo empieza con el sonar de la alarma, de un celular claro está, ustedes saben, ya nadie usa un reloj con alarma, esos pequeños dispositivos que te caben en la palma de la mano, a menos que te creas decorador de interiores (para cargar una azulejo todo el tiempo) o en su defecto, tengas la necesidad de leer el periódico con una lupa y tus lentes de aumento al mismo tiempo, mi punto es que los móviles ya lo pueden hacer todo, pero me desvío demasiado, disculparán que suceda esto constantemente, suelo dar muchas vueltas a las cosas, en fin, ¿en dónde estaba? La alarma, Miranda tomaba su celular y detenía la alarma todos los días, ella había leído en un artículo en Internet que utilizar la función de posponer o “snooze” (como lo llaman los jóvenes de hoy, no estoy seguro que los jóvenes usen ese término, en lo personal me parece ambiguo y soso) es una mentira que afecta más a tu cerebro que ayudarle realmente, verán, cuando le dices a tu cerebro que descanse 10 minutos más, no logras realmente entrar en un estado de relajación que te ayude a obtener energía, si no todo lo contrario, interrumpes un proceso que solo te dejará con la sensación de que sigues cansado y eso solo causará que estés de malas el resto del día intentando llegar al final de tu jornada laboral, ¿me estoy desviando de nuevo verdad? lo siento lo siento, intentaré ser consistente. Miranda se despierta todos los días al primer sonido de su alarma, eso ya lo dije, se levanta, se baña, se pone el uniforme de su trabajo y se agarra el cabello en una coleta de lado que cae delicadamente sobre su hombro, de vez en cuando observa sus profundos y enormes ojos azules en el espejo de su ducha, pensando en lo difícil que es tener que darles una sonrisa a todos los clientes hipócritas que llegan a hospedarse en el hotel mas lujoso de la ciudad. ¿Por qué es hipocresía? Bueno Miranda tiene la convicción de que ninguno de los clientes del hotel es en realidad alguien humilde, porque alguien humilde no se hospeda en un hotel de cinco estrellas, es extremadamente costoso, ella lo sabe, y nadie gastaría esa exorbitante cantidad de dinero sin desear, en algún más mínimo grado, ser reconocido como un miembro de la alta alcurnia de la sociedad. Si, si, dirán que es envidia, o que simplemente se siente miserable por tener un trabajo que la obliga a dar su mejor rostro durante 12 horas, 6 días a la semana, pero tienen que admitirlo, es extenuante, y una vez que conozcan a Miranda, entenderán que envidia es lo que menos les tiene a estas personas.
Volviendo a lo importante, Miranda suele acompañar su camino al trabajo con un café, hecho en casa obviamente, y sus audífonos acompañados de música variada, desde música formal como la Introducción a Rondo Capriccioso de Camille Saint Saens hasta Bohemian Rapsody de Queen, o Hey Jude de The Beatles, eso si, nada de reggaeton, tal vez un poco de cumbias, uno que otro tango. El camino que recorre es sencillo, sale de su casa, camina cinco bloques al sur para alcanzar la parada del autobús, toma la ruta que va al círculo hotelero de su ciudad y se baja a dos bloques de su destino, eso le da tiempo suficiente para arreglarse la camisa y terminar una canción más antes de poner su huella digital en el checador del hotel, saludar a sus compañeras en recepción y tomar asiento en la silla central, convertirse en la primera impresión que los huéspedes tienen al entrar al hotel, su trabajo, más allá de dar una atención al cliente excepcional y memorable, es lucir lo más brillante posible con su sonrisa, lo cual ya tenía dominado, incluso ese día que conoció al hijo del dueño de aquel hotel que entró por la puerta principal sin compañía. Miranda no sabía quien era, pero sabía que hacer, entrecerrando sus ojos con unas mejillas ruborizadas y levantadas en una amplia sonrisa tan brillante como el sol observó al muchacho.
– Buen día, bienvenido al Flor de Liz, ¿cómo podemos asistirte hoy? –